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Sonia Sánchez Recio repasa algunas versiones cinematográficas de Lady Macbeth. Películas como "Trono de Sangre" de Akira Kurosawa, o "Lady Macbeth de Orson Welles y Roman Polanski.
El Teatro Real de Madrid programó la ópera Lady Macbeth de Mtsensk para los días previos a la Navidad. A primera vista, podría parecer un plan “anticlímax” para la víspera de Nochebuena, ya que evidentemente no es Hansel y Gretel. Sin embargo, días antes de asistir a la gala, revisando las versiones cinematográficas del drama shakesperiano Macbeth, he visto que una de mis antiguas grabaciones de la película Trono de Sangre de Akira Kurosawa (conservo como reliquias en VHS bastantes programas de Qué grande es el cine) había sido emitida poco antes de Nochebuena.

No obstante, la ópera de Dmitri Shostakóvich no es una interpretación de Lady Macbeth, y sólo utiliza el nombre de manera irónica, construyendo un personaje instintivo, insatisfecho, al que mueve la búsqueda del amor y del placer, muy diferente a la calculadora “femme fatale” shakesperiana. Quise sin embargo revisar algunas versiones cinematográficas de esta tragedia sobre profecías “autocumplidas”. Según la crítica las mejores son la ya citada de Kurosawa, la de Orson Welles, y la de Roman  Polanski.


    Carteles de dos versiones cinematográficas de Macbeth: la de Orson Welles y la de A. Kurosawa

La última de estas tres versiones (Roman Polanski, 1971) estuvo rodeada de polémica. En primer lugar, porque el director polaco la rodó apenas un año después del asesinato de su mujer Sharon Tate, que murió brutalmente apuñalada por la familia Manson; en el momento de su estreno crítica y público encontraron estremecedores paralelismos entre ese terrible capítulo en la vida de Polanski y la película, como las ingentes cantidades de sangre que aparecen, o los planos algo velados de una cesárea que preludian al héroe (“no nacido de mujer, si no arrancado de su vientre”)  que habrá de matar al tirano Macbeth, y que a su vez remite al detalle del asesinato de Sharon Tate, en avanzado estado de gestación, a la que extrajeron el bebé de sus entrañas. Por otro lado, Lady Macbeth (Francesa Annis) recuerda poderosamente a Sharon Tate, rubia y con aire hippy. Su lozanía, como de “playmate”, se debe a que el productor de la película fue Hugh Hefner, fundador de la revista Playboy.


    Hugh Hefner, Francesca Annis y  Roman Polanski. (The Independent.co.uk) A la derecha Lady Macbeth (F. Annis)

En esta adaptación cabe destacar el rigor en la ambientación medieval. Las localizaciones se realizaron en Gales y Northumberland. El castillo de Glamis de la ficción, es en realidad el castillo de Lindisfarne  (Northumberland), al que se le añadieron unos conos de pizarra como remate de las torres. Aquí lo vemos:


  Fotograma con el castillo de Glamis (con el añadido de la pizarra), hogar de Macbeth, y castillo de Lindisfarne 

Respecto al guión hubo cambios en la última escena con respecto al texto original; la historia no queda cerrada, y se deduce que el mal –a través de la ambición- acompañará al hombre hasta el final de los tiempos. Como una semilla diabólica.

Si Lady Macbeth de Polanski, desde el punto de vista judicial, podría ser acusada de cómplice y encubridora, en la versión de Welles y en la de Kurosawa podría ser considerada como inductora de los hechos delictivos. La de Orson Welles, de 1948, recuerda a mujeres fatales de cine negro como Mary Astor en El halcón maltés (J. Huston, 1941). Incluso parece mayor que Macbeth. Le recrimina una “voluntad débil”, y hay momentos que casi evoca al ama de llaves de Rebeca (A. Hitchcock, 1940).

En Trono de sangre (1957) versión libre de Akira Kurosawa del texto de Shakespeare, el director japonés da aún más protagonismo a Lady Macbeth. La actuación de Isuzu Yamada (aquí llamada Asaji) es tan fría y misteriosa que da terror. El imprescindible momento en el que lleva la jarra de vino a los soldados aquí está resuelto con dos planos: uno de frente y otro de espaldas en los que la penumbra se la “traga” y el movimiento se reduce al máximo siguiendo la tradición del teatro “Noh” japonés.


Fotograma con Lady Macbeth de O. Welles y de la película de Kurosawa, plano de Asaji portando el vino

Orson Welles dispuso de un presupuesto muy bajo, el rodaje duró sólo 23 días y resolvió las carencias con escenografía de cartón piedra, vestuario que a veces parece contemporáneo, y las inclasificables y maravillosas coronas reales con cuernos. También recurrió a densas nieblas para remitir a un ambiente onírico y para camuflar imperfecciones. Curiosamente, Kurosawa que sí disponía de un amplio presupuesto, también incluye mucha niebla. En este caso le sirve -a modo de fundido en blanco- para entrar en otra dimensión temporal. El final de esta versión japonesa de Macbeth es absolutamente original: el tirano muere asaeteado por todos los soldados.


   Preparativos para la escena final de Trono de sangre con Toshiro Mifune. Fotograma de la película