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Coincidiendo con la celebración del Western Film Festival en Almería entre el 11 y el 13 de octubre, Sonia Sánchez Recio hace un repaso por el "spaghetti western". Películas del oeste como "El bueno, el feo y el malo" o "La muerte tenía un precio" que se rodaron en el desierto de Almería. Sergio Leone eligió este rincón de Andalucía para rodar sus películas.
Un paisaje árido y montañoso aparece en pantalla, cuando de repente, por el margen izquierdo –en el mismo plano, pero en un cambio de escala brutal- surge un rostro envuelto en sudor, mal afeitado y con exceso capilar en el entrecejo. La escena continúa con un poblado devastado por cuya única calle cruza un perro flaco. Con dos planos ya sabemos que se trata de un “spaghetti western”, e incluso reconocemos los paisajes almerienses. A los pocos segundos un tipo atraviesa los cristales de una ventana con un muslo de pollo en la mano. Es Tuco, uno de los tres protagonistas de El bueno, el feo y el malo (Sergio Leone, 1966).


A la izquierda, Clint, Dispara, libro sobre la saga de Sergio Leone. A la dcha. fotograma de Yojimbo (A. Kurosawa, 1961), película que inspiró a Leone para su film Por un puñado de dólares.

En Clint, dispara (VV.AA, Editorial T&B), el libro que mejor detalla los rodajes, anécdotas y características de la Trilogía del dólar, se recogen las declaraciones de Sergio Leone acerca del componente fortuito en su obra, llegando a admitir que la primera de sus películas (Por un puñado de dólares, 1964) "había surgido como un remake, la segunda (La muerte tenía un precio, 1965) de un proyecto que el productor Alberto Grimaldi tenía en el cajón, y la tercera (El bueno, el feo y el malo, 1966) como una respuesta rápida e improvisada a la United Artists para asegurarse el adelanto de otro rodaje".

El director italiano de películas del oeste más famoso de todos los tiempos renovó el discurso cinematográfico clásico norteamericano del western. Leone rompió con la planificación a escala lógica (del plano general al primer plano, pasando siempre por el plano medio) para conseguir, en determinados momentos, como en los famosos "triellos" (duelos a tres bandas), una mayor expresividad; lo que hizo fue pasar progresivamente del plano largo (un paisaje, por ejemplo) a los primeros planos (una mirada, por seguir con otro ejemplo), sin tener en cuenta la transición de los planos medios.

Una "teatralización" de la puesta en escena, a la que hay que sumar otra característica: la "circularidad" de ciertos espacios en los que acontecían estos "triellos", y que evocan a la cultura latina de los coliseos y plazas de toros. En El bueno, el feo y el malo, la escena final sucede en el cementerio de Sad Hill, un recinto en el que las tumbas están dispuestas en círculo (en el centro, junto a una lápida tendrá lugar el duelo a tres). En el libro Clint, dispara se recoge un comentario de Leone al respecto: "la idea del ruedo era capital (…) puesto que eran los muertos los que presenciaban el espectáculo. Me preocupé incluso de que la música pudiera expresar la risa de los cadáveres en el interior de sus sepulturas". Y es que, no podemos olvidar la aportación musical de Ennio Morricone, que confiere una dimensión tan original al ritmo de la película.



El "eurowestern" surgió como un hijo irreverente del género clásico del oeste, cuando parecía que éste se encontraba encallado. El también conocido como "spaghetti western" poseía rasgos propios, algunos ya citados como el "toque Leone" sobre la planificación, la más que adecuada música de Morricone, y la fotografía que tan frecuentemente retrataba paisajes de Almería. No obstante, habría que mencionar otra serie de características propias, en este caso relativas a sus personajes, como por ejemplo el amor irracional que sienten los protagonistas por el dinero; algo que se convierte en el epicentro argumental, y hace de ellos unos seres violentos y cínicos. Tampoco podemos pasar por alto otro rasgo argumental, y es la ausencia de indios y mujeres (salvo en el cuarto rodaje de Leone en Almería Hasta que llegó su hora, en el que Claudia Cardinale es la heroína). El sexo no aparece. Según Leone "sus protagonistas andaban demasiado afanados por sobrevivir como para ocuparse de las mujeres".

El "hombre sin nombre" que interpreta Clint Eastwood en la Trilogía ha pasado a la historia del cine como un personaje icónico. Hay fetichismo por las armas y la vestimenta. Eastwood quiso llevarse el mérito de haber adquirido el emblemático poncho, y si bien es razonable que hubiese aportado –procedente de películas en las que trabajó con anterioridad-  las botas, las espuelas y las cartucheras, sin embargo, no está tan claro en el caso del mítico poncho. Según Carlos Aguilar, autor de una biografía sobre Sergio Leone (Editorial Cátedra) “tal prenda es hija de una muy precisa idea de Leone con base en sus películas péplum anteriores como Los últimos días de Pompeya y El coloso de Rodas, y definida por Carlo Simi a través de unos bocetos. Aún así, hay quien opina que Simi realizó el dibujo después de rodar la película Por un puñado de dólares. En la foto de abajo vemos el dibujo de las grecas romanas en el vestuario del protagonista de Últimos días de Pompeya, que recuerda al del famosoo poncho.


Trío de ponchos. A la izq.de Clint Eastwood, Últimos días de Pompeya (S. Leone y M. Bonnard, 1959). El actor es Steve Reeves. A la dcha. Michael J. Fox en Viaje al futuro III (R. Zemeckis, 1990) se hace llamar Clint Eastwood.

A los hermosos paisajes almerienses no llegaron los arquetipos del género clásico del oeste: los tipos con valores de Ford, o los colonos que "construyeron la nación"; se instalaron sin embargo, los cazadores de recompensas y los tipos sin escrúpulos tan bien retratados por Sergio Leone. El hecho de que el "eurowestern" cuajase tan positivamente en España se debió, entre otros factores, a las esplendidas y fotogénicas localizaciones. Recordemos que una parte de Por un puñado de dólares se rodó en la localidad madrileña de Hoyo de Manzanares, pero también en Almería –por contar con una ambientación de tipo árido- ya que los acontecimientos de la película precisaban recrear un pueblecito mejicano (San Miguel) en un territorio desértico. Dentro de la potencialidad ambiental de Almería, los cineastas se sintieron atraídos por el paisaje  de alrededor del pueblo de Tabernas. Después del éxito de Por un puñado de dólares, Leone rodó su segundo western, La muerte tenía un precio, en los paisajes almerienses. El equipo de producción se trasladó a 50 kilómetros de Tabernas y se construyó un gran set frente al Monte Alfaro y la Sierra Alhamilla, para representar la ciudad de El Paso. Para la tercera parte, El bueno, el feo y el malo -y así se cierra el círculo-, se construyó un poblado, conocido en la actualidad como Fort Bravo, a poco más de dos kilómetros de Tabernas. Por cierto, es el único set de western que queda en Europa.