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En algunos cines aún puede verse "El Havre", última película de Aki Kaurismäki. El director finlandés Aki Kaurismäki plantea a modo de fábula cómo los lazos de solidaridad no se han perdido en un vecindario de clase trabajadora situado en la ciudad portuaria de El Havre (Francia). Humor y osadía frente al pesimismo y la desesperación.
Si una película retrata nuestros días, y sin embargo prescinde de teléfonos móviles, ordenadores, aparatos de televisión, y hasta de automóviles, posiblemente se trate de un trabajo del finlandés Aki Kaurismäki. Su cine se sitúa –casi siempre en clave de fábula-  en un presente analógico, en el minimalismo de lo imprescindible.

Kaurismäki se ha declarado admirador de cineastas como Buñuel, Becker, Bresson y Ozú, autores con unos planteamientos anteriores a la Nouvelle Vague francesa. Su mayor inspiración se encuentra en los años cincuenta y en la dimensión más amable del neorrealismo. Recientemente declaraba: "Soy lento. La arquitectura moderna me hace daño a los ojos. Aunque los setenta ya empiezan a parecerme elegantes". Tabaco, alcohol y largos silencios también son elementos constantes en su obra, así como la innegable influencia del rock & roll y la estética de los sesenta, como se aprecia en algunas de las fotos de este post en las que aparece un comisario vestido de negro, deudor del inspector Clouseau de la Pantera Rosa (Blake Edwards, 1963)

En el pasado festival de Cannes (Francia), la última película de Kaurismäki, Le Havre, tuvo una gran acogida. El título alude a una ciudad portuaria, situada en la costa de Normandía, donde desemboca el río Sena; un enclave que constituye un cruce de caminos y de destinos. En sus muelles, mientras almuerza -tartera en mano- el limpiabotas Marcel Marx (André Wilms) descubrirá cual “Moisés en las aguas” al joven Idrissa (Blondin Miguel), un emigrante ilegal procedente del África subsahariana.


A la izqda. el joven inmigrante escondido en las aguas del Sena. A la dcha. junto al protagonista, Marcel Marx

También en los muelles coincidirán los dos protagonistas con el comisario Monet (Jean Pierre Darroussin) un curioso personaje que aparecerá en los momentos decisivos. La historia del refugiado se entrelaza con la de la esposa del limpiabotas, que caerá enferma, aunque Marcel Marx desconozca la gravedad de la dolencia. La mujer, Arletty (Katy Outinen, actriz habitual de las películas de Kaurismäki) es una extranjera que en su día le dio una oportunidad a Marcel, su marido, cuando éste vagabundeaba por las calles añorando su juventud de poeta bohemio. Ahora es él quien –como en una cadena de favores- ayuda al joven ilegal, y todo ello gracias a la imprescindible ayuda del vecindario, de los solidarios tenderos del barrio: la panadera, el frutero, y la dueña del bar, orgullosos representantes de la clase trabajadora. El desenlace de la historia se caracteriza por una conmovedora inocencia, un sentimiento que nos remite a no hace tanto tiempo: cuando se promovía la organización de colectas y conciertos benéficos. Kaurismäki no pretende hacer cine social, ni dar lecciones trascendentales, sólo darnos un trago de vino en un momento de angustia.

Hay que destacar la fotografía de Timo Salminen, la sobria puesta en escena, y el estilo visual basado en los tonos azules, tan presentes en toda la obra del cineasta. No obstante el rojo irrumpe rompiendo la monocromía y coloreando los momentos de esperanza a través de objetos como la cazadora del joven africano, y la “chupa” de cuero del cantante de rock, Little Bob. Los encuadres son casi de cómic, y eso que el autor finlandés no utiliza storyboard. Se aprecia en el siguiente ejemplo, en el que M. Marx y Monet están dispuestos como los personajes del cuadro “El Ángelus” de Millet.



Arriba fotograma de El Havre. A su derecha, Inspector Clouseau, y en las dos fotografías de abajo El Angelus de Millet, y la versión de Dalí, fuente de inspiración para la composición del fotograma superior de la izquierda

La intención de Aki Kaurismäki es que Le Havre sea la primera parte de una trilogía sobre la vida en ciudades portuarias. Las dos siguientes historias transcurrirán en España y Alemania respectivamente. El próximo rodaje será en España, y para ello ya ha estado buscando localizaciones en Cádiz, y en el norte, en Vizcaya.


Fotograma de Le Havre, y Festival de Cannes 2011: el elenco de actores, Aki Kaurismäki -el director posa en el centro- y el cantante “Little Bob”  (Foto: V. Zunino Celotto/ Getty Images. www.zimbio.com)

Articular sus películas en forma de trilogía es algo habitual en el cineasta finlandés. Aún conservamos en la memoria las dos sagas anteriores; la primera conocida como la “trilogía del proletariado”, compuesta por Sombras en el paraíso (1986), Ariel (1988) y La chica de la fábrica de cerillas (1990); y la segunda trilogía, en torno a una Europa a punto de cambiar de milenio, formada por películas como: Nubes pasajeras (1996), Un hombre sin pasado (2002) y Luces al atardecer; en estas obras subyacen temas –con cierta antelación- como la inseguridad, el desempleo y la soledad, que caracterizan al ciudadano contemporáneo. 


Carteles correspondientes a las películas de Aki Kaurismäki: Nubes pasajeras, Un hombre sin pasado y Luces al atardecer