Eco-Viajes

Ronda fue uno de los pueblos que visitó Marsé en el verano del 62
Ronda fue uno de los pueblos que visitó Marsé en el verano del 62
En 1962, Juan Marsé era un joven narrador que estaba empezando su carrera literaria. Sin embargo, siguiendo la estela de otros escritores, acometió un proyecto: escribir un libro viajero a partir de la experiencia del recorrido en directo por tierras de Andalucía. Se llamaría VIAJE AL SUR. ¿Que ocurrió con aquel proyecto?

No sabía (ni yo ni casi nadie, todo hay que decirlo) que Juan Marsé, el autor de  Últimas tardes con Teresa, El embrujo de Shangai, Si te dicen que caí o el reciente Caligrafía de los sueños, entre otras muchas novelas irrepetibles, se sintió tentado, al comienzo de la década de los 60, por la literatura de viajes. Él, que ha construido un mundo mítico con la Barcelona lateral y próxima del Guinardó o del Carmel de la posguerra, pudo sumarse a esa nómina de escritores que en aquellos años utilizaron el viaje como argumento para hacer literatura y para criticar al poder de la dictadura mostrando la miseria en que se vivía en ciertas zonas de España (López Salinas, Juan Goytisolo, Antonio Ferres, Alfonso Grosso, Ramón Carnicer….). Los responsables de Tipos Infames, la conocida librería, han contado a un importante diario digital ese maravilloso secreto. Al menos, una historia hasta ahora desconocida.

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Esta es la historia:

A finales de julio de 1962, Marsé, autor entonces de una sola obra, Encerrados en un solo juguete, firmó un contrato con Ruedo Ibérico, la editorial mítica del exilio español en Francia, en virtud del cual debía escribir y entregar un libro de viajes por Andalucía. Su título inicial sería Viaje al Sur.  Iba a ser un libro innovador, diferente al libro de viajes tal y como se concebía hasta entonces: sería una suerte de collage en el que el texto literario iría acompañado de las noticias periodísticas que recogiera a lo largo del recorrido y de fotografías.

Se nos relata que el escritor barcelonés contó con la colaboración de Antonio Pérez, amigo y  colaborador, a su vez, de la editorial Ruedo Ibérico y del fotógrafo Albert R. Guspi, que años más tarde sería director del Centre Internacional de Fotografia de Barcelona, una institución que marcó un cambio en la fotografía española entre 1978 y  1983, ¿Quedó en mero proyecto? No del todo: el viaje se realizó a lo largo de un mes. Juan Marsé y sus acompañantes visitaron las provincias de Sevilla, Cádiz y Málaga para constatar la distancia que había entre aquel mundo de niños infra alimentados, de jornaleros viviendo en una situación próxima al esclavismo, de pueblos sin urbanizar y sin ningún tipo de servicios, de carreteras achacosas y las quimeras modernizadoras de los  Planes de Desarrollo del Régimen. Los niños descalzos de Ronda, los pescadores de Barbate, las chabolas en la periferia de las ciudades visitadas pasaron a ser fotogramas en blanco y negro y relato de un jovencísimo Marsé. De aquel viaje, quedan los testimonios del propio novelista y de Antonio Perez y un valioso legado de fotografías de Albert R. Guspi, lamentablemente fallecido en 1983.

Marsé, a la vuelta del viaje, redactó el contenido literario del libro. Un año después, en julio de 1963, comunicó a José Martínez, editor de Ruedo Ibérico, la conclusión del trabajo y, tal y como cuentan los responsables de Tipos Infames,  “tras una breve estancia en Mallorca y resolver sus problemas con el pasaporte, el escritor marcha a París para seleccionar con Martínez las fotos y terminar de pulir la obra”.

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Todo indicaba que el libro, en breve, acabaría en la imprenta. pero la situación económica de la editorial, enormemente difícil, y la presión de la censura franquista, a la sazón dirigida por un joven y autoritario Fraga Iribarne dejarían en la cuneta no pocos proyectos editoriales. Viaje al Sur fue uno de ellos. El proyecto no sólo quedó en la cuneta, sino que el original escrito por Marsé (entonces no había pen-drives, ni disquetes, ni fotocopiadoras) se perdió en algunos de los muchos cambios que vivió Ruedo Ibérico y los lectores viajeros, así como los admiradores de la obra de Marsé, perdimos la oportunidad de conocer otra cara del creador de Pijoaparte.

Han pasado sesenta años desde entonces. Quedan las fotografías, los testimonios de quienes todavía viven (Juan Marsé y Antonio Pérez) y la correspondencia del editor. Eso sirve para reconstruir el viaje y su anecdotario, sin duda. Pero no para recuperar, en toda su frescura, el texto del barcelonés. Confiemos en los dioses del mundo literario, o en algún milagro (en literatura todo es posible) para que ese libro perdido aparezca en algún lugar imprevisto el día menos pensado.

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NOTA: La fotografía en color corresponde al restaurante Las Delicias, lugar emblemático de Últimas tardes con Teresa.