Eco-Viajes

El triturador de ajos o "muelepersil" es un instrumento imprescindible en cualquier cocina. Este invento, el triturador de ajos, que puede parecer un artilugio moderno, es un invento de Leonardo da Vinci, el primer gran cocinero. En Italia, al muelepersil se le conoce como el "Leonardo".
Este artilugio siempre ha estado en la cocina de mi madre, y de niño era con lo que nos acercábamos a la magia y al juego de los fogones. Era un momento muy importante cuando te ponían a picar perejil con o sin ajos.

El miedo era al recordar el dolor en el dedo raspado que habías metido sobre las aspas, al querer rebañar las paredes interiores llenas de perejil.

Mi madre lo trajo a casa de un viaje a Francia, cuando era la nación líder mundial de cocina. Su nombre ya era un arcano: "muelepersil", un vocablo maravilloso que dotaba de efectividad y modernidad al invento.

Unos años después mi madre me regaló uno para mi cocina, como guinda de profesionalidad, así mi cocina estaba completa en lo básico, según ella.

Yo que creía que tenia entre mis manos una joya actual, de vanguardia, una innovación mecánica, resulta que es una de las primeras aportaciones de la ciencia a la cocina, una aportación de un cocinero / científico / humanista sin igual. Este invento tan "moderno" es obra de Leonardo da Vinci, el primer gran cocinero o el primer gran científico que entra en la cocina y la revoluciona.

Han pasado siglos y el muelepersil no ha cambiado prácticamente nada, es un diseño perfecto que no ha necesitado revisión ni evolución, excepto, quizá, el material que lo conforma. En Italia se le conoce como el "Leonardo", y lo creó estando al servicio de Ludovico el Moro, en el Palacio Sforza de Milán.



Ahora, mi visión ha cambiado, ahora siento a Leonardo cada vez que lo utilizo. Lo imagino picando perejil en un intermedio entre sus grandes creaciones. Me encanta imaginar que por un momento entre "La Última Cena" y "La Gioconda", el Maestro se raspaba el dedo con su muelepersil, dejaba su grandeza y se hacia humano.

Ahora entiendo que mi madre lo adore, es una pieza básica de su cocina, es una unión a los antiguos alquimistas-cocineros, es una declaración de intenciones, abriendo las puertas a la innovación y un reconocimiento a la cocina clásica.

Gracias Leonardo.

Gracias madre.