Eco-Viajes

Gamba roja 2008 de Quique Dacosta
Gamba roja 2008 de Quique Dacosta

Sin gambas, no hay boda ni celebración. Gambas con gabardina, en brochera, roja o blanca, hervida o a la plancha, mil maneras para comer gambas.

Este año he asistido a más bodas que los últimos 10 juntos. He asistido a bodas de muy diferentes clases, regiones y estilos. Casi soy un experto en bodas, no en darlas sino en disfrutarlas.

Todas son iguales y todas son diferentes, pero todas tienen un factor común: las gambas.

Parece que si no hay gambas, no hay boda o al menos parece que no hay celebración, porque la verdadera boda, el rito o ceremonia, no interesa tanto como el banquete.

Decía alguien que el "pase" al ágape tendría que haberlo dado el cura, que en la iglesia éramos 70 y en el banquete 500. Ya no interesa alimentar el espíritu, sólo el cuerpo y la cuenta bancaria que está anoréxica, como individuos y como pueblo.

Las gambas se convierten en exponente de perfección: "¿Ha estado todo bien?" preguntaba la madre de la novia, "todo perfecto y las gambas buenísimas" le respondían los invitados.

Los aperitivos y el propio menú quedan relegados por las gambas.

En una de estas bodas apagaron las luces del salón y encendieron bengalas mientras los camareros desfilaban con fuentes llenas de gambas. Las gambas compitiendo con la tarta nupcial.

Las encontramos con gabardina o en brocheta, roja o blanca, hervida o plancha, mil maneras de hacer para lo mismo, comer gambas.

Aquí en el Levante, y en Murcia concretamente, la gamba roja a la plancha hace furor. Es la reina, el varemo que los invitados utilizan para saber que boda fué mejor. En las mesas es el tema de conversación, del aplauso, de la queja, es la fiesta.

¡Que no falten!, las sirven en cascada, a raudales..., es delirante, es irresistible.

Si te fijas puedes ver quien las prepara para otro. Quien las pela y con cada una que da, entrega un trozo de su corazón. Amor a bocaitos, Amor callado, Amor pelado.
Toma, una gamba.