Eco-Viajes

Firo Vázquez participó en la grabación de una película cuyo guión era la creatividad. A Firo Vázquez le tocó elaborar un menú creativo

Tenemos unos sabores académicos, oficiales, básicos pero también otros soñados, recordados, complejos.


Todos hemos probado diferentes hierbas, brotes, flores, sobre todo en mi caso, en la infancia. Y algunos nos han ido dejando recuerdos agradables, otros misteriosos, otros imposibles e incluso prohibidos.


Uno de esos " sabores" es el de la electricidad. Recuerdo cuando jugaba con mis hermanos a quitar las pilas de los juguetes y ponerlas en nuestra lenguas, buscando esa pequeña descarga eléctrica que te hacia cosquillas en la boca y te dejaba un rastro salado.


El otro día tuve la suerte de participar en la grabación de una película, para lo que nos reunieron a personas, de muy diferentes gremios para que debatiéramos sobre varios conceptos durante 10 horas.


A mi me toco, como no, elaborar un menú para la ocasión.


Nos reunimos en una casa de la huerta, y durante ese tiempo teníamos que comer en escenarios diferentes.


Podéis imaginar que la tarea no era fácil, había que coordinar los tiempos, las puestas en escena, los vinos, el servicio, y sobre todo había para mi dos puntos cruciales. Uno que pudiéramos comer tanto y en tan largo tiempo y dos que la comida incitara a la discusión o a generar el momento energético solicitado por el director.


Una de las mesas tenía que estar referida a los miedos, a la infancia, al principio de nuestros días, tanto como individuos que como especie.


Para ello cree un espacio que denominamos "Jaula de monos" aprovechando una gran cantidad de lienzos de primates. Un lugar obscuro, con mucho ruido, muy lleno de detalles primitivos, claustrofóbico y opresivo. Los invitados entraban en este espacio con dudas y se encontraban con una mesa llena de cráneos de cordero, hojas secas, vasos con falsa sangre, velas, carbones y unas flores unidas con cables a unas pilas de petaca.


Podréis imaginar los comentarios pero lo importante es que todos, a ciegas, comieron y bebieron lo allí ofrecido.


La flor eléctrica, Sechuan Button, la cogieron con temor y se la llevaron a la boca.  Os puedo prometer que es una descarga eléctrica que te llena la boca durante 4 minutos, una eternidad. Las papilas gustativas se levantan, se limpian y se despiertan de una forma espectacular. Parece que no va acabar nunca, no disminuye su potencia en ese tiempo que parece congelado. Pero al final el vaso con gazpacho de frambuesas, la falsa sangre, hace las delicias de todos. Todos paladearon de una forma excepcional y profunda la receta gracias a la flor eléctrica.


Y ahora todos recordaban ese sabor de infancia y todos pudieron decir: "Yo se a que sabe la electricidad, ya me acuerdo".